Una íntima relación
La cerveza es una bebida muy antigua. De hecho, algunos estudiosos datan su origen hace más de 7000 años. Con el paso del tiempo ha tenido cambios en su proceso de fabricación y en los hábitos de consumo.
Actualmente si, luego de un rato desde que está en nuestro vaso, ha perdido el gas que contiene, no vale la pena tomarla. El gas es uno de los componentes más importantes para saborear y degustar una cerveza de calidad.
Para poder disfrutar de una cerveza rica y llena de matices, los aparatos que las dispensan también deben funcionar a la perfección. Los equipos y los componentes que hacen posible dispensar las cervezas son tan amplios como las variedades de cervezas que podemos tomar.
El gas es un componente vital para disfrutar de una cerveza. Se dice habitualmente que sin gas no hay cerveza.
¿De dónde procede el gas de las cervezas?
En su elaboración, la cerveza se somete a un proceso de carbonatación para obtener sus características burbujas. Durante el proceso de fermentación de la cerveza, se produce CO2 (Gas Carbónico).
Posteriormente se añade CO2 artificialmente a la hora de servirla o envasarla para que aporte la gasificación y la espuma característica de la cerveza. También se utiliza el gas para la impulsión en los equipos dispensadores.
El Gas Carbónico es insípido, o por lo menos no es detectable. No obstante, como gas saliendo de la solución (burbujas, espuma), incide claramente en la percepción de aromas y sabores característicos de la cerveza, afectando su percepción general.
Todos los productores de cerveza, sin importar su escala, utilizan CO2 en sus procesos.
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